Desde que en el año 1985 S.B. Eaton y M. Konner publicaron en el NEJM el artículo “Nutrición Paleolítica: consideraciones acerca de su naturaleza e implicaciones actuales” (estudio) han pasado más de 30 años. Hoy voy a hacer un repaso por los principales estudios que se han realizado en el campo de la Nutrición Evolutiva.

         Año 2006. El autor T. Jönsson y colaboradores estudian a 24 cerdos y los dividen en 2 grupos, uno con nutrición estándar a base de cereales y otro con nutrición paleolítica, durante 15 meses. El grupo de nutrición paleolítica termina con un 25% menos de peso y casi la mitad de grasa subcutánea, su sensibilidad a la insulina es mayor, su concentración de PCR es un 80% menor y su tensión arterial casi un 15% mejor (estudio).

        Año 2007. El autor S. Lindeberg y colaboradores estudian a 29 pacientes con Enfermedad Coronaria Isquémica y Diabetes Tipo 2 o Intolerancia a la Glucosa, los cuales son divididos en 2 grupos, recibiendo uno dieta paleolítica y otro dieta mediterránea, durante 12 semanas. El grupo de dieta paleolítica mejora casi 4 veces más el control de sus glucemias y pierde el doble de contorno de cintura, a pesar de lo cual los autores indican que son resultados independientes (estudio).

         Año 2008. El autor M. Osterdahl y colaboradores estudian a 14 voluntarios sanos que realizan durante 3 semanas nutrición paleolítica. Se observa una mejora en medidas antropométricas (disminución de peso, IMC y diámetro de cintura), tensión arterial y coagulación, y como único efecto desfavorable una menor concentración de calcio (estudio).

        Año 2009. El autor L.A. Frassetto y colaboradores estudian a 9 personas sedentarias no obesas. Durante 3 días comen de manera habitual, luego durante 1 semana incrementan el consumo de potasio y fibra, y finalmente durante 10 días se alimentan de manera paleolítica. Los resultados incluyen una mejora de la tensión arterial asociada a una mejora de la distensibilidad arterial, de la sensibilidad a la insulina y del perfil lipídico (estudio).

        Año 2009. El autor T. Jönsson y colaboradores estudian a 13 pacientes con Diabetes Tipo 2 a los que siguen durante 6 meses: los 3 primeros meses realizan nutrición paleolítica y los 3 siguientes nutrición diabética según las principales guías médicas. Los pacientes mejoran en diversos parámetros mientras realizan la nutrición paleolítica (peso, diámetro de cintura, tensión arterial, control de sus glucemias y perfil lipídico (estudio).

        Año 2010. El autor T. Jönsson y colaboradores estudian a 29 pacientes con Diabetes Tipo 2 o Intolerancia a la Glucosa que son divididos en 2 grupos, uno se alimenta con nutrición paleolítica y otro con dieta mediterránea, durante 12 semanas. El grupo paleolítico se sacia más y consume menos calorías, y la leptina disminuye casi el doble en el grupo paleolítico (estudio).

          Año 2011. El autor M. Metztgar y colaboradores demuestran que invirtiendo un 9.3% más en la cesta de la compra se pueden cubrir todas las necesidades de micro y macronutrientes al realizar una nutrición paleolítica, con la única excepción del calcio (estudio).

         Año 2013. El autor L.A. Frassetto y colaboradores estudian a 13 pacientes con Diabetes Tipo 2, dividiéndolos en 2 grupos, recibiendo uno de ellos nutrición paleolítica y otro dieta diabética estándar según las guías americanas, durante 14 días. Miden la excreción urinaria de ácido a través de recogida de orina durante 24 horas, resultando que la nutrición paleolítica exhibe casi cuatro veces menos excreción de ácido a través de la orina (estudio).

         Año 2014. La autora I. Boers y colaboradores estudian a 34 pacientes con al menos 2 características de Síndrome Metabólico, son divididas en 2 grupos, uno con nutrición paleolítica y otro con nutrición estándar según las guías alemanas, durante 2 semanas. En el grupo de nutrición paleolítica se observa una mayor disminución de la tensión arterial, perfil lipídico y del número de componentes del Síndrome Metabólico. No se observan mejoras en la permeabilidad intestinal, inflamación ni cortisol salivar (estudio).

        Año 2015. El autor U. Masharani y colaboradores estudian a 14 pacientes con Diabetes Tipo 2, y los dividen en 2 grupos, uno con nutrición paleolítica y otro con nutrición diabética estándar según las guías americanas, durante 2 semanas. Los que consumieron nutrición paleolítica obtuvieron mejores resultados en el control glucémico y en el perfil lipídico (estudio).

         Año 2015. El autor H.F. Bligh y colaboradores estudian a 24 sujetos sanos y los asignan a 3 grupos, dieta estándar de la OMS, dieta paleolítica con la misma cantidad de calorías y macronutrientes que la estándar y dieta paleolítica ad libitum. Los siguen durante 6 semanas, y ambos grupos de nutrición paleolítica muestran mayor saciedad y mayor concentración de GLP-1 y PYY, hormonas implicadas en la saciedad (estudio).

         Año 2015. El autor R.L. Pastore y colaboradores estudian a 20 pacientes con hipercolesterolemia que no tomen medicación para ello, y les asignan 4 meses de nutrición estándar para enfermedad cardiovascular seguidos de 4 meses de nutrición paleolítica, observando que ésta última produce una mayor mejora en todos los parámetros del perfil lipídico, independientemente de la pérdida de peso (estudio).

        Año 2015. El autor E.W. Manheimer y colaboradores publican el primer metaanálisis en la revista AJCN sobre nutrición paleolítica. Incluyen 4 estudios randomizados con un total de 159 participantes con Síndrome Metabólico. La nutrición paleolítica emerge vencedora frente a las diferentes dietas estándar oficiales (estudio).

        Año 2016. El autor J. Otten y colaboradores estudian a 70 mujeres obesas postmenopáusicas y las dividen en 2 grupos, uno con nutrición paleolítica y otro con nutrición baja en grasas, y las siguen durante 2 años. La grasa hepática desciende casi un tercio más en el grupo de nutrición paleolítica a los 6 meses, aunque a los 2 años se igualan las 2 intervenciones, y la sensibilidad hepática a la insulina mejora en el grupo de nutrición paleolítica a los 6 meses pero se pierde el efecto a los 2 años (estudio).

        Año 2016. El autor A. Genoni y colaboradores estudian a 39 mujeres durante 4 semanas, dividiéndolas en 2 grupos, nutrición paleolítica y nutrición australiana según las guías oficiales del país. Encuentran que la nutrición paleolítica produce mayor pérdida de peso, consumen menos carbohidratos, calcio, sodio y yodo, y más grasa y beta caroteno (estudio).

       Año 2016. El autor M. Fontes-Villalba y colaboradores estudian a 13 pacientes con Diabetes Tipo 2 y comparan durante 2 períodos de 3 meses consecutivos la dieta estándar para diabetes y la nutrición paleolítica, encontrando que ésta última produce mayores descensos en la leptina (estudio).

Conclusiones.

           En los diferentes estudios y el metaanálisis de nutrición paleolítica publicados hasta la fecha ha demostrado ser superior, de manera contundente, a las dietas de comparación oficiales para tratar diferentes patologías comunes como Diabetes, Hipertensión Arterial, Dislipemia, Obesidad y Síndrome Metabólico. Es cierto que son estudios pequeños y con  limitaciones, e incluso algunos no son randomizados o no tienen grupo control, pero no podemos seguir mirando hacia otro lado y continuar tratando dichas patologías con las mismas herramientas nutricionales que sabemos que no funcionan todo lo bien que deberían. Tenemos que exigir mejores y mayores estudios con esta aproximación nutricional, y debemos seguir investigando esta apasionante y prometedora manera de entender la salud.