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Come Grasa, Restringe los Carbohidratos y Evita el Picoteo

           Recientemente se ha publicado una guía para el tratamiento de la Diabetes Tipo 2 y la Obesidad a cargo de la Public Health Collaboration, una organización inglesa sin ánimo de lucro dedicada a promover la salud. Su título completo es “Come grasa, restringe los carbohidratos y evita el picoteo para revertir la Obesidad y la Diabetes Tipo 2“. El post de hoy es un resumen de dicha guía. Los lectores interesados pueden acceder al tecto íntegro en este enlace y en este otro. Hay que dejar claro que obviamente estoy de acuerdo con la mayoría del contenido de dicha guía, aunque existan matices y algunas afirmaciones con las que no lo estoy.

 1. Comer grasa NO te hace engordar. La evidencia de múltiples ensayos controlados aleatorios ha revelado que una dieta más alta en grasa, y baja en carbohidratos, es superior a una dieta baja en grasas para perder peso y para la reducción del riesgo de Enfermedad Cardiovascular.

2. La grasa saturada NO causa Enfermedad Cardiovascular. Los lácteos enteros son probablemente protectores. En 2014 se publicó una revisión sistemática de 76 estudios con más de 600.000 participantes de 18 países, llegando a la conclusión de que: “la evidencia actual no apoya claramente las directrices cardiovasculares que fomenten el alto consumo de ácidos grasos poliinsaturados y baja el consumo de grasas saturadas totales. ” Por otro lado, De Souza y colaboradores han emitido el más reciente veredicto sobre grasas saturadas: “la ingesta de grasas saturadas no se asoció con mortalidad general, mortalidad por Enfermedades Cardiovasculares, incluyendo el Accidente Cerebrovascular Isquémico, o la Diabetes Tipo 2″. La mayoría de los alimentos naturales y nutritivos disponibles – carne, pescado, huevos, frutos secos, semillas, aceite de oliva, aguacates – todos contienen grasas saturadas. Estos alimentos naturales han formado parte de la dieta humana desde tiempos paleolíticos y se han comido a voluntad sin efectos adversos ni consecuencias para la salud desde hace milenios. La demonización continua de la omnipresente grasa natural conduce a la gente a un lugar lejos de una promoción de los alimentos altamente nutritiva y saludable.

3. Las comidas procesadas etiquetadas como “baja en grasa” o “baja en colesterol” deben ser evitadas. No se ha podido demostrar que la reducción de grasas saturadas en la dieta reduzca los Eventos Cardiovasculares y la mortalidad. En su lugar, los resultados cardiovasculares son independientes de la reducción del colesterol. Diferentes ensayos dietéticos que proporcionan grasas naturales abundantes, tales como el ácido alfa-linoleico, polifenoles y ácidos omega-3 que se encuentran en las nueces, aceite de oliva, aceite de pescado y vegetales ejercen rápidamente efectos positivos en  la salud. El mecanismo puede incluir atenuar la inflamación, la aterosclerosis y la trombosis. La sustitución de grasas saturadas por ácidos grasos omega 6, que contienen aceites vegetales, disminuye el colesterol, pero no mejora la mortalidad cardiovascular. Es preocupante el hecho de que los estudios revelaron una tendencia hacia un aumento de la mortalidad.

 4. Limitar el consumo de carbohidratos refinados y almidonados para prevenir y revertir la Diabetes Tipo 2. Una reciente revisión exhaustiva llega a la conclusión de que la restricción de carbohidratos en la dieta es la “intervención más eficaz para la reducción de todas las características del Síndrome Metabólico” y debe ser el primer enfoque en el manejo de la diabetes. Una dieta cetogénica (una que comprende menos del 10 por ciento de la ingesta de calorías en forma de hidratos de carbono) da como resultado los mayores descensos de la HbA1c y la reducción en el uso de medicamentos. Estos beneficios se acumulan independientemente de la pérdida de peso.

5. El consumo óptimo de azúcar para la salud es CERO. El azúcar añadido no tiene ningún valor nutricional. No existe un solo estudio que demuestre los beneficios asociados con su consumo. El exceso de azúcar está fuertemente asociado con el aumento de riesgo de la Diabetes Tipo 2, Hipertensión y Enfermedad Cardiovascular, independientemente de sus calorías o sus efectos en el peso corporal. Los mensajes de salud pública deberían hacer hincapié en el hecho de que el azúcar no juega ningún papel en una dieta saludable.

6. Los aceites vegetales industriales deben ser evitados. Un meta-análisis reciente que incluyó a casi 10.000 pacientes ha confirmado que el alto consumo de aceites omega-6 (a partir de aceites vegetales / margarinas) aumenta el riesgo de muerte y Enfermedad Cardíaca en comparación con la suma de grasa saturada y grasa trans.

7. Para de contar calorías. Las calorías de los alimentos tienen efectos metabólicos totalmente diferentes en el cuerpo humano dependiendo del tipo de alimento. Por ejemplo, porciones iguales de calorías de azúcar, alcohol, carne o aceite de oliva tienen efectos muy diferentes en los sistemas hormonales, tales como la insulina, y afectan a la saciedad en base a señales tales como la colecistoquinina o péptido YY. Es altamente irrelevante cuántos calorías contiene una porción de comida en un plato. Lo que importa es cómo nuestro cuerpo responde a la ingestión y la absorción de las calorías, y la forma en que las metaboliza, dependiendo de la comida en cuestión.

 8. No puedes compensar una mala dieta. Está ampliamente aceptado entre el público y los medios de comunicación que consumir más calorías de las que quemamos es la causa de la epidemia de la obesidad, y por lo tanto la solución es hacer más ejercicio. Esto no es correcto. La obesidad es un trastorno hormonal que altera la partición de energía y condiciona su distribución, que no pueden ser únicamente fijado por el aumento de ejercicio.

9. El picoteo te hará engordar (la abuela tenía razón). En la década de 1970, el número medio de oportunidades de comer era tres – el desayuno, el almuerzo y la cena. En 2005 el número se ha casi duplicado; ahora nos tomamos el desayuno, media mañana, almuerzo, merienda, cena y recena. Y cada una de estas comidas están muy a menudo compuestas por productos que contienen hidratos de carbono refinados. Comer de forma continua desde el momento en que nos levantamos hasta el momento en que nos vamos a dormir hace que no se permita que nuestro cuerpo tenga tiempo para digerir y utilizar algunos de los alimentos que comemos. El día entero se convierte en una oportunidad para almacenar energía de los alimentos sin la oportunidad de quemarla. Comer seis veces al día no da lugar a la pérdida de peso, y en cambio tiende a aumentar en general consumo de alimentos. Los aperitivos tienden a ser altamente insulinogénicos (u obesogénicos) desde que exigimos y elegimos la comodidad de comer un snack de carbohidratos refinados. Es fácil de comer un poco galletas como aperitivo, pero no un pequeño trozo de salmón a la parrilla.

10. La nutrición basada en la evidencia debería ser incluida en la formación de todos los profesionales de la salud. Esto no es sólo se aplica a la prevención de la enfermedad, sino que implica intervenciones nutricionales para abordar y eliminar las causas fundamentales de las enfermedades crónicas, en oposición a un limitado modelo de tratamiento de los síntomas y factores de riesgo con la farmacoterapia. El hecho de que los medicamentos recetados sean ahora la tercera causa más común de muerte en el mundo después de las enfermedades cardíacas y el cáncer debería ser una llamada de atención, donde el futuro de la asistencia sanitaria requerirá una estrategia que incorpore los cambios de estilo de vida basados en la evidencia para el tratamiento de las enfermedades.

         Y esto es todo por hoy, espero que les sea de interés y que sigan leyendo información contrastada y de fuentes fiables, que pasen un buen día.

 

 

 


Tortitas de Arroz y Obesidad

             Hoy inauguro una nueva sección en el blog. Consiste en presentar un artículo científico que considero relevante. Comenzamos con este paper del 2012 escrito por el científico Ian Spreadbury, quien trabaja en la Unidad de Investigación de Enfermedades Gastrointestinales de la Universidad de Queen (Kinston, Ontario, Canadá). El título completo del artículo es “La comparación con dietas ancestrales sugiere que los carbohidratos densos acelulares promueven una microbiota inflamatoria, y pueden ser la causa dietética principal de la resistencia a la leptina y la obesidad“.

          El autor defiende una postura basada en la Medicina Evolutiva, la cual busca la causa de las enfermedades en discordancias entre nuestro diseño biológico y el ambiente. De hecho parte del artículo se basa en el trabajo pionero del Dr. Staffan Lindeberg, quien llevó a cabo el famoso estudio de Kitava en el año 1989, encontrando que los habitantes de dicha isla no padecían las enfermedades típicas de las sociedades occidentales, como obesidad, hipertensión y diabetes, y registrando que su dieta consistía básicamente en carbohidratos (60-70%) procedentes de frutas, verduras y tubérculos, algo de pescado y carne, y una cantidad alta (17%) de grasa saturada proveniente del coco.

          Yendo un poco más lejos, en el artículo se enumeran diferentes tribus actuales con diversos patrones de alimentación, atendiendo a la presencia o no de carbohidratos densos acelulares. Ian define estos carbohidratos como aquellos que han sufrido un proceso de refinamiento. Algunos ejemplos son las tortitas de arroz, los cereales de desayuno (incluidos los integrales), los panes y por supuesto la bollería. Estos carbohidratos se contraponen a los celulares, los cuales son menos densos y corresponden a alimentos naturales, como las diferentes frutas, hortalizas, verduras y boniatos (con la única excepción de la yuca, aunque por supuesto no está en la misma categoría que los carbohidratos refinados). Pues bien, las tribus que ingieren dichos carbohidratos son las únicas que padecen las enfermedades típicas de las sociedades occidentales. Y aún más, las tribus que no los ingieren y por diferentes circunstancias (colonización o emigración, básicamente) comienzan a comerlos, desarrollan en muy poco tiempo dichas enfermedades, haciendo improbable que la razón de ello sea la genética.

¿De qué manera nos afectan dichos carbohidratos?

Esquema

          Clásicamente, se ha dicho que las lectinas de los cereales (uno de los principales antinutrientes que poseen) promueven la resistencia a la leptina a través de su interacción con el receptor de insulina, el receptor del factor de crecimiento epidérmico o el receptor de interleuquina 2. La leptina es una hormona producida por el tejido adiposo (grasa) que informa al cerebro de que estamos llenos y que podemos dejar de comer porque tenemos suficientes reservas. En la obesidad, paradójicamente, dicha hormona está alta, definiendo una situación clásica en los circuitos endocrinos conocida como “resistencia”. Básicamente significa que los receptores sobre los que actúa la hormona están desensibilizados debido a un exceso de estímulo; sería como el cuento del lobo y las ovejas, que de tanto decirlo al final nadie se lo cree.

         Según el autor, además de estos mecanismos, la clásica dieta occidental rica en grasas y carbohidratos refinados produce un aumento del lipopolisacárido bacteriano en la sangre, debido a un mecanismo conocido como “endotoxemia metabólica”, promovida a su vez por un aumento de la permeabilidad intestinal. Este mecanismo es la raíz de lo que se denomina Inflamación Crónica Sistémica de Bajo Grado, que básicamente consiste en que el organismo sufre una inflamación muy diferente de la clásica asociada a un esguince, por ejemplo, y que tiene como finalidad luchar contra una infección. O sea, nuestro cuerpo, debido a una dieta alta en azúcares y grasas (con un mal perfil de grasa dietética), se inflama. Hay que dejar claro que los estudios dejan claro que seguramente sea el exceso de carbohidratos refinados el responsable de la epidemia de obesidad, debido a que la grasa es un nutriente que ha convivido siempre con nuestra especie por lo que es altamente improbable que nos produzca enfermedad (aunque obviamente si elegimos mal el tipo de grasa tendremos problemas).

           Esta situación de inflamación mantenida en el tiempo, debido básicamente a dichos carbohidratos densos acelulares, alteran la microbiota (la flora intestinal) a través de un mecanismo que involucra, además del Lipopolisacárido Sistémico (LPS), al Supresor de la Señalización de las Citoquinas 3 (SOCS3 según sus siglas en inglés). Las citoquinas son las principales moléculas implicadas en la inflamación, de modo que si se altera su “freno” se desbocan y aumenta dicha inflamación, sobre todo a nivel intestinal. Como el nervio vago conecta directamente el intestino con el cerebro, cuando aumenta la inflamación, nuestro sistema nervioso central lo percibe, generando una resistencia a la leptina. Además, se alteran los mecanismo de la saciedad, activándose el deseo por sabores más dulces. Es decir, que dichos productos alimenticios alteran la microbiota, nos inflaman, nos hacen volver a elegir productos en vez de alimentos y generan resistencia a la leptina, conduciéndonos inexorablemente a la obesidad. Como situación añadida, hay que señalar que también se alteran los microorganismos bucales, pudiendo conducir a la aparición de enfermedades periodontales.

          Es fácil imaginar la situación en la que se encuentra una persona obesa que desayuna cada mañana tortitas de arroz: los carbohidratos densos acelulares “engañan” a su microbiota, ésta se altera creyendo que debe enfrentarse a una infección, y orquesta una respuesta inflamatoria que tiene como resultado una resistencia a la leptina, haciendo que pierda la saciedad y continúe ingiriendo dichos productos promovidos por la industria y por algunas sociedades “científicas”. El círculo vicioso está servido, nunca mejor dicho.

Tabla

Los productos modernos tienen una altísima densidad comparados con los alimentos naturales

Conclusiones

           ¿Y por qué tiene importancia todo lo que se dice en este artículo? Porque, una vez más, proporciona una sólida base para diseñar un patrón alimenticio que nos acerque a la salud. Los estudios de intervención que se han realizado hasta la fecha con Nutrición Evolutiva han demostrado, de manera inequívoca y unánime, que es superior a las dietas estándar para tratar las principales enfermedades y condiciones mórbidas asociadas a las sociedades occidentales: obesidad, diabetes, hipertensión, hígado graso y acné, entre otras. Es cierto que son estudios pequeños y de limitada potencia, pero eso no debe hacer que no los tengamos en cuenta; lo único que debería hacer es que deseemos y promovamos fervientemente que se realicen estudios mayores y con más potencia estadística. Mientras llega ese día, tengo claro cuál es la postura y la opción correcta; espero que ustedes también lo tengan. Les recomiendo que lean este post anterior donde hablo de diferentes opciones para desayunar. Un saludo y recuerden que la salud está en nuestras manos.


Nutrición y Síndrome del Intestino Irritable

       El Síndrome del Intestino Irritable (SII, de ahora en adelante) es un trastorno que consiste en dolor o molestia abdominal asociado a cambios en el hábito defecatorio, pudiendo estar presente tanto el estreñimiento como la diarrea. Para poder ser diagnosticado formalmente necesita estar presente al menos 3 días al mes en los últimos 3 meses, según los denominados Criterios de Roma III (criterios diagnósticos oficiales), aunque en la práctica clínica dichos criterios suelen obviarse.

     La mayoría de los pacientes con SII relacionan sus síntomas con determinados alimentos (Gibson, 2015), motivo por el cual se han ensayado diferentes dietas para recomendar a dichos pacientes. Los más frecuentemente reportados por los propios pacientes son lácteos, trigo, cebolla, ajo, legumbres, especias picantes, col lombarda, ahumados, fritos y cafeína (El-Salhy M. et al, 2015). El consejo habitual hoy día sigue siendo, en muchos casos, que coman de todo con moderación, que adopten una dieta mediterránea y, sobre todo, que ingieran más fibra. Sin embargo, desde hace algunos años se sabe que algunos carbohidratos fermentables presentes en determinados alimentos (conocidos por sus siglas en inglés, FODMAPs) provocan gases y distensión en personas susceptibles (Staudacher, 2014). Alimentos ricos en FODMAPs son los lácteos, algunos cereales, la familia de las coles y cebollas, las legumbres, algunas verduras y frutas y los azúcares refinados. Si desean más información sobre este tema, les recomiendo que lean este excelente post escrito por Néstor Sánchez, PsicoNeuroInmunólogo Clínico. Por otro lado, la fibra, sobre todo la insoluble, suele producir también dichos síntomas, siendo recomendable disminuir su consumo (este tipo de fibra está presente sobre todo en cereales y legumbres). A estas cuestiones hay que añadir el probable efecto irritante – laxante de los lácteos en un porcentaje no despreciable de personas (German, 2009), seguramente debido a la intolerancia a la lactosa, y el muy reciente y ampliamente debatido efecto del gluten en la salud intestinal (Fasano, 2015).

     No hay que olvidar que el gran órgano neuroendocrino que tenemos en el cuerpo se localiza en nuestro intestino, y que una parte tremendamente importante de él lo constituye la microbiota, también llamada flora intestinal. Esta enorme población de bacterias, mayoritariamente, desempeña multitud de funciones, entre las que se encuentran la producción de vitaminas, enzimas, capa protectora de moco, sustancias que matan a las bacterias “malas” y sustancias que regulan el sistema inmune. El tipo de nutrición que adoptemos modula nuestra microbiota, además de por supuesto otros factores, como la herencia, el ambiente, las toxinas, el estrés y los medicamentos (Collins, 2014).

     Por todo ello, una de las mejores herramientas para aproximarse dietéticamente al SII es la nutrición evolutiva personalizada, la cual restringe los lácteos, cereales y productos derivados de alimentos procesados, además de tener en cuenta los FODMAPs y las intolerancias y preferencias del paciente. Además, es probable que, durante al menos un tiempo, sea necesario tomar un buen probiótico multicepa para reequilibrar tu flora intestinal. Hay ocasiones en que antes del probiótico puede ser necesario el uso de un antibiótico no absorbible que actúa localmente, llamado rifaximina, el cual ha demostrado tener un beneficio en algunos pacientes (Pimentel, 2015).

Pasa a la Acción.

Optimismo

     Hay que decirlo claramente para todas aquellas personas diagnosticadas de SII que estén leyendo este post: es un trastorno que tiene cura. Y dicha curación pasa ineludiblemente por adoptar una serie de cambios en el estilo de vida: abandonar los tóxicos (tabaco y alcohol), restringir los medicamentos a aquellos indispensables mientras se corrige la situación que requiere su uso, nutrición evolutiva modificada según el paciente, probiótico (y a veces antibiótico) y gestión emocional del estrés (Ramos L. y col, 2007). Estos puntos son los más básicos e importantes, aunque algunos pacientes requieren más cambios.

     Al mismo tiempo, es cuando menos frustrante que el mensaje que emite la mayoría de los médicos y profesionales de la salud, así como las principales guías de práctica clínica, sea que el SII es una patología crónica (Lovell, 2012), lo cual se asocia de manera automática, tanto por los profesionales como por los pacientes, como algo incurable y para toda la vida, cosa que resulta curiosa pues hasta un 38% de los pacientes mejoran de manera importante con el tiempo (Chey, 2015).

     Desde el punto de vista defendido por la PsicoNeuroInmunología Clínica o Medicina Funcional e Integrativa, cualquier enfermedad, sobre todo las relacionadas con el estilo de vida actual y exceptuando las raras condiciones genéticas puras, es susceptible de curación si se revierte la situación que desembocó con el tiempo en dicha patología (Ader, 2007). Dicho de otra manera, si desandas el camino que te ha conducido hasta un SII volverás a estar donde estabas antes de presentar sus síntomas, y más teniendo en cuenta que se trata de un trastorno que, en principio, no presenta alteraciones orgánicas.

     Si quieres curarte y que tu SII desaparezca, es necesario que te plantees cual es tu estilo de vida y qué factores puedes modificar para alcanzar la salud. No existe ninguna medicación que cure una enfermedad, con excepción de los antibióticos. Ingerir todos los días medicamentos diseñados para paliar síntomas es negar la capacidad de curación que todos tenemos. De ti y de nadie más depende seguir padeciendo una enfermedad o convertirte en una persona sana.

Referencias Bibliográficas.

-Ader R. Psychoneuroimmunology. Academic Press; 2007.
-Chey WD, Kurlander J, Eswaran S. Irritable Bowel Syndrome. JAMA. 2015;313(9):949–10. doi:10.1001/jama.2015.0954.
-Collins Stephen M. A role for the gut microbiota in IBS. 2014;11(8):497-505. doi:10.1038/nrgastro.2014.40.
-El-Salhy M, Hatlebakk JG, Hausken T. Understanding and Controlling the Irritable Bowel. Cham: Springer; 2015. doi:10.1007/978-3-319-15642-2.
-Fasano A, Sapone A, Zevallos V, Schuppan D. Nonceliac Gluten Sensitivity. YGAST. 2015;148(6):1-10. doi:10.1053/j.gastro.2014.12.049.
-German J. Bruce et al. A reappraisal of the impact of dairy foods and milk fat on cardiovascular disease risk. 2009;48(4):191-203. doi:10.1007/s00394-009-0002-5.
-Gibson PR, Varney J, Malakar S, Muir JG. Food Components and Irritable Bowel Syndrome. YGAST. 2015;148(6):1-21. doi:10.1053/j.gastro.2015.02.005.
-Lovell RM, Ford AC. Global Prevalence of and Risk Factors for Irritable Bowel Syndrome: A Meta-analysis. YJCGH. 2012;10(7):712-721.e714. doi:10.1016/j.cgh.2012.02.029.
-Pimentel M. Review article: potential mechanisms of action of rifaximin in the management of irritable bowel syndrome with diarrhoea. Aliment Pharmacol Ther. 2015;43:37-49. doi:10.1111/apt.13437.
-Ramos L, Vicario M, Santos J. Eje estrés-mastocito y regulación de la inflamación en la mucosa intestinal: desde la salud intestinal hasta el intestino irritable. Medicina clínica. 2007;129(2):61-69. doi:10.1157/13106939.
-Staudacher et al. Mechanisms and efficacy of dietary FODMAP restriction in IBS. 2014;11(4):256-266. doi:10.1038/nrgastro.2013.259.

Un caso espectacular de Síndrome Metabólico curado

        Hoy quiero compartir con ustedes un caso de esos que te animan a continuar ayudando a pacientes. Voy a contarles la historia de un hombre que bien podría ser el del primer post, o cualquier otro de los muchos que frecuentan las consultas de Atención Primaria. Se llama A.M.

El punto de partida.

           La primera vez que vi a A.M. fue el 27 de enero de 2015. Vino a verme por un cuadro clínico compuesto por dolor abdominal (hipocondrio derecho, la zona donde está localizado el hígado y la vesícula biliar, entre otras cosas) en relación a las comidas, cansancio y falta de aire al subir escaleras y realizar otras actividades de la vida diaria. Deseaba realizar una dieta para limpiar la vesícula biliar. Había leído que eso era bueno, y quería que un médico se la prescribiera. Tenía 45 años, pesaba 121 kilos y medía 177 centímetros (Índice de Masa Corporal de 38.6, Obesidad Grado II, muy cerca del Grado III). Entre sus hábitos de vida se encontraba el sedentarismo, y no tomaba ningún medicamento en ese momento.

          A.M. me cuenta que en el año 1988 ingresa al Servicio Militar con 71 kilos (IMC de 24.5, es decir, dentro de lo normal pero rozando el sobrepeso) y que lo abandona con 112 kilos (IMC de 35.75, Obesidad Grado II). Este “debut” lo atribuye a varios factores, entre ellos obviamente la comida, el tipo de ejercicio físico (refería que a pesar de haber subido mucho de peso, gran parte era musculatura) y un tratamiento inyectable que les administraban. Sea como fuere, a partir de ese momento su peso oscila entre el Sobrepeso y la Obesidad, y ya nunca recupera un normopeso. En marzo de 2012 observo que su analítica ya muestra signos de Prediabetes (glucemia en ayunas de 109 mg/dl), Hipertrigliceridemia (400 mg/dl) e Hipertransaminemia (ALT 43 UI/L). En junio de 2014 alcanza su máximo peso, 133 kilos (IMC de 42.45, Obesidad Grado III).

        Indico realizar una ecografía hepatobiliar en donde se observa una Esteatosis Hepática severa (grasa acumulada en el hígado). Indico también una analítica, en donde se detecta una Diabetes (Hemoglobina Glicosilada de 8.1%), una Hipertransaminemia (AST 58 UI/L, ALT 112 UI/L, que son las famosas transaminasas hepáticas, encargadas de metabolizar nutrientes y medicamentos, entre otras cosas) y una Dislipemia (Colesterol Total 247 mg/dl y Colesterol LDL 189 mg/dl, con unos Triglicéridos normales). El hecho de la Hipertransaminemia junto a la Esteatosis Hepática vista por ecografía confirman el diagnóstico de Hígado Graso No Alcohólico, entidad clínica causada por el alto consumo de fructosa y productos refinados, y asociada a multitud de enfermedades (los lectores interesados pueden ampliar información en este enlace). Resumiendo, tenemos a un hombre sedentario, con Obesidad, Diabetes, Dislipemia e Hígado Graso No Alcohólico, lo cual se conoce con el nombre de Síndrome Metabólico, otra entidad que también incluye la Hipertensión Arterial (de nuevo pueden consultar este otro enlace si desean profundizar más en el tema).

El camino de la curación.
PaleoDieta

Nutrición Evolutiva

PaleoTraining

PaleoTraining

           Llegados a este punto le explico a A.M. que sus problemas no se van a solucionar con una limpieza de vesícula, y que necesita urgentemente cambios en su estilo de vida. Le propongo 2 intervenciones: Nutrición Evolutiva y PaleoTraining. Sin medicamentos. Sin suplementos. Todos los días, eso sí, exactamente igual que si se tratara de tomarse una pastilla. A. M. lo entiende y decide empezar su tratamiento. Si desean conocer más sobre este tipo de nutrición, no dejen de escuchar este podcast de Maelán Fontes (enlace a su web), investigador lanzaroteño de la Universidad sueca de Lund, entrevistado por Marcos de Fitness Revolucionario.

         Cada mañana A.M. se levanta y se va a practicar PaleoTraining en ayunas, a una intensidad moderada-alta. Realiza 2 ó 3 comidas al día, eligiendo alimentos naturales basados en la Nutrición Evolutiva: frutas, verduras, hortalizas, setas, tubérculos, pescado, marisco, huevos, carne de calidad y aceite de oliva virgen. Bebe agua mineral. Poco a poco empieza a sentirse mejor. Cada vez le duele menos el abdomen al comer. Cada vez se cansa menos al subir escaleras. Comienza a bajar de peso. Comienza a sentirse sano. Si desean informarse sobre el PaleoTraining visiten su web o su Facebook.

El resultado.

         El 23 de marzo de 2015 A.M. pesa 100 kilos (IMC de 31.92, Obesidad Grado I, cerca del Sobrepeso). En sólo 7 semanas su analítica mejora de manera espectacular. La Hemoglobina Glicosilada baja a 6.4%, quedándose en el terreno de la Prediabetes. La Hipertransaminemia también mejora (AST 40 UI/L, ALT 51 UI/L), así como la Dislipemia (Colesterol Total 186 mg/dl, LDL 123 mg/dl y Triglicéridos siguen siendo normales). Me cuenta que todos sus síntomas han desaparecido, se siente lleno de energía y está alegre, feliz. Es capaz de subir varias montañas caminando, entrena todos los días y come comida de verdad. Y no toma ningún medicamento.

Gordo

         El caso de A.M. obviamente no termina aquí. Él era consciente de que tenía que seguir bajando de peso y viviendo de la manera propuesta para continuar por el camino de la salud. No volví a verlo más. No siguió viniendo a los controles. Afortunadamente al menos le dio tiempo de ayudarse a sí mismo y comenzar una serie de cambios que lo propulsaron en la dirección correcta. Y a mí me dio tiempo de obtener su consentimiento para exponer su caso en todos los sitios en que he podido. Lo cuento en el curso presencial y online de Experto Universitario en PsicoNeuroInmunología Clínica y Evidencia Científica, del cual formo parte como profesor (pinchar en este enlace si están interesados), lo conté en el Summit Paleo en 2015, se lo he contado a mis compañeros de Atención Primaria y lo cuento ahora aquí, para que todo el mundo conozca el inmenso poder terapéutico que tiene el estilo de vida, que en muchas ocasiones está por encima del poder de los medicamentos (sobre todo en el ámbito de las enfermedades mal llamadas crónicas que se manejan en Atención Primaria).

             Un saludo y continúen disfrutando de la vida y siendo todo lo felices que puedan, no creo que exista mejor objetivo.