Articles Tagged with: Nutrición Humana
Nutrición y Síndrome del Intestino Irritable

       El Síndrome del Intestino Irritable (SII, de ahora en adelante) es un trastorno que consiste en dolor o molestia abdominal asociado a cambios en el hábito defecatorio, pudiendo estar presente tanto el estreñimiento como la diarrea. Para poder ser diagnosticado formalmente necesita estar presente al menos 3 días al mes en los últimos 3 meses, según los denominados Criterios de Roma III (criterios diagnósticos oficiales), aunque en la práctica clínica dichos criterios suelen obviarse.

     La mayoría de los pacientes con SII relacionan sus síntomas con determinados alimentos (Gibson, 2015), motivo por el cual se han ensayado diferentes dietas para recomendar a dichos pacientes. Los más frecuentemente reportados por los propios pacientes son lácteos, trigo, cebolla, ajo, legumbres, especias picantes, col lombarda, ahumados, fritos y cafeína (El-Salhy M. et al, 2015). El consejo habitual hoy día sigue siendo, en muchos casos, que coman de todo con moderación, que adopten una dieta mediterránea y, sobre todo, que ingieran más fibra. Sin embargo, desde hace algunos años se sabe que algunos carbohidratos fermentables presentes en determinados alimentos (conocidos por sus siglas en inglés, FODMAPs) provocan gases y distensión en personas susceptibles (Staudacher, 2014). Alimentos ricos en FODMAPs son los lácteos, algunos cereales, la familia de las coles y cebollas, las legumbres, algunas verduras y frutas y los azúcares refinados. Si desean más información sobre este tema, les recomiendo que lean este excelente post escrito por Néstor Sánchez, PsicoNeuroInmunólogo Clínico. Por otro lado, la fibra, sobre todo la insoluble, suele producir también dichos síntomas, siendo recomendable disminuir su consumo (este tipo de fibra está presente sobre todo en cereales y legumbres). A estas cuestiones hay que añadir el probable efecto irritante – laxante de los lácteos en un porcentaje no despreciable de personas (German, 2009), seguramente debido a la intolerancia a la lactosa, y el muy reciente y ampliamente debatido efecto del gluten en la salud intestinal (Fasano, 2015).

     No hay que olvidar que el gran órgano neuroendocrino que tenemos en el cuerpo se localiza en nuestro intestino, y que una parte tremendamente importante de él lo constituye la microbiota, también llamada flora intestinal. Esta enorme población de bacterias, mayoritariamente, desempeña multitud de funciones, entre las que se encuentran la producción de vitaminas, enzimas, capa protectora de moco, sustancias que matan a las bacterias “malas” y sustancias que regulan el sistema inmune. El tipo de nutrición que adoptemos modula nuestra microbiota, además de por supuesto otros factores, como la herencia, el ambiente, las toxinas, el estrés y los medicamentos (Collins, 2014).

     Por todo ello, una de las mejores herramientas para aproximarse dietéticamente al SII es la nutrición evolutiva personalizada, la cual restringe los lácteos, cereales y productos derivados de alimentos procesados, además de tener en cuenta los FODMAPs y las intolerancias y preferencias del paciente. Además, es probable que, durante al menos un tiempo, sea necesario tomar un buen probiótico multicepa para reequilibrar tu flora intestinal. Hay ocasiones en que antes del probiótico puede ser necesario el uso de un antibiótico no absorbible que actúa localmente, llamado rifaximina, el cual ha demostrado tener un beneficio en algunos pacientes (Pimentel, 2015).

Pasa a la Acción.

Optimismo

     Hay que decirlo claramente para todas aquellas personas diagnosticadas de SII que estén leyendo este post: es un trastorno que tiene cura. Y dicha curación pasa ineludiblemente por adoptar una serie de cambios en el estilo de vida: abandonar los tóxicos (tabaco y alcohol), restringir los medicamentos a aquellos indispensables mientras se corrige la situación que requiere su uso, nutrición evolutiva modificada según el paciente, probiótico (y a veces antibiótico) y gestión emocional del estrés (Ramos L. y col, 2007). Estos puntos son los más básicos e importantes, aunque algunos pacientes requieren más cambios.

     Al mismo tiempo, es cuando menos frustrante que el mensaje que emite la mayoría de los médicos y profesionales de la salud, así como las principales guías de práctica clínica, sea que el SII es una patología crónica (Lovell, 2012), lo cual se asocia de manera automática, tanto por los profesionales como por los pacientes, como algo incurable y para toda la vida, cosa que resulta curiosa pues hasta un 38% de los pacientes mejoran de manera importante con el tiempo (Chey, 2015).

     Desde el punto de vista defendido por la PsicoNeuroInmunología Clínica o Medicina Funcional e Integrativa, cualquier enfermedad, sobre todo las relacionadas con el estilo de vida actual y exceptuando las raras condiciones genéticas puras, es susceptible de curación si se revierte la situación que desembocó con el tiempo en dicha patología (Ader, 2007). Dicho de otra manera, si desandas el camino que te ha conducido hasta un SII volverás a estar donde estabas antes de presentar sus síntomas, y más teniendo en cuenta que se trata de un trastorno que, en principio, no presenta alteraciones orgánicas.

     Si quieres curarte y que tu SII desaparezca, es necesario que te plantees cual es tu estilo de vida y qué factores puedes modificar para alcanzar la salud. No existe ninguna medicación que cure una enfermedad, con excepción de los antibióticos. Ingerir todos los días medicamentos diseñados para paliar síntomas es negar la capacidad de curación que todos tenemos. De ti y de nadie más depende seguir padeciendo una enfermedad o convertirte en una persona sana.

Referencias Bibliográficas.

-Ader R. Psychoneuroimmunology. Academic Press; 2007.
-Chey WD, Kurlander J, Eswaran S. Irritable Bowel Syndrome. JAMA. 2015;313(9):949–10. doi:10.1001/jama.2015.0954.
-Collins Stephen M. A role for the gut microbiota in IBS. 2014;11(8):497-505. doi:10.1038/nrgastro.2014.40.
-El-Salhy M, Hatlebakk JG, Hausken T. Understanding and Controlling the Irritable Bowel. Cham: Springer; 2015. doi:10.1007/978-3-319-15642-2.
-Fasano A, Sapone A, Zevallos V, Schuppan D. Nonceliac Gluten Sensitivity. YGAST. 2015;148(6):1-10. doi:10.1053/j.gastro.2014.12.049.
-German J. Bruce et al. A reappraisal of the impact of dairy foods and milk fat on cardiovascular disease risk. 2009;48(4):191-203. doi:10.1007/s00394-009-0002-5.
-Gibson PR, Varney J, Malakar S, Muir JG. Food Components and Irritable Bowel Syndrome. YGAST. 2015;148(6):1-21. doi:10.1053/j.gastro.2015.02.005.
-Lovell RM, Ford AC. Global Prevalence of and Risk Factors for Irritable Bowel Syndrome: A Meta-analysis. YJCGH. 2012;10(7):712-721.e714. doi:10.1016/j.cgh.2012.02.029.
-Pimentel M. Review article: potential mechanisms of action of rifaximin in the management of irritable bowel syndrome with diarrhoea. Aliment Pharmacol Ther. 2015;43:37-49. doi:10.1111/apt.13437.
-Ramos L, Vicario M, Santos J. Eje estrés-mastocito y regulación de la inflamación en la mucosa intestinal: desde la salud intestinal hasta el intestino irritable. Medicina clínica. 2007;129(2):61-69. doi:10.1157/13106939.
-Staudacher et al. Mechanisms and efficacy of dietary FODMAP restriction in IBS. 2014;11(4):256-266. doi:10.1038/nrgastro.2013.259.

Un caso espectacular de Síndrome Metabólico curado

        Hoy quiero compartir con ustedes un caso de esos que te animan a continuar ayudando a pacientes. Voy a contarles la historia de un hombre que bien podría ser el del primer post, o cualquier otro de los muchos que frecuentan las consultas de Atención Primaria. Se llama A.M.

El punto de partida.

           La primera vez que vi a A.M. fue el 27 de enero de 2015. Vino a verme por un cuadro clínico compuesto por dolor abdominal (hipocondrio derecho, la zona donde está localizado el hígado y la vesícula biliar, entre otras cosas) en relación a las comidas, cansancio y falta de aire al subir escaleras y realizar otras actividades de la vida diaria. Deseaba realizar una dieta para limpiar la vesícula biliar. Había leído que eso era bueno, y quería que un médico se la prescribiera. Tenía 45 años, pesaba 121 kilos y medía 177 centímetros (Índice de Masa Corporal de 38.6, Obesidad Grado II, muy cerca del Grado III). Entre sus hábitos de vida se encontraba el sedentarismo, y no tomaba ningún medicamento en ese momento.

          A.M. me cuenta que en el año 1988 ingresa al Servicio Militar con 71 kilos (IMC de 24.5, es decir, dentro de lo normal pero rozando el sobrepeso) y que lo abandona con 112 kilos (IMC de 35.75, Obesidad Grado II). Este “debut” lo atribuye a varios factores, entre ellos obviamente la comida, el tipo de ejercicio físico (refería que a pesar de haber subido mucho de peso, gran parte era musculatura) y un tratamiento inyectable que les administraban. Sea como fuere, a partir de ese momento su peso oscila entre el Sobrepeso y la Obesidad, y ya nunca recupera un normopeso. En marzo de 2012 observo que su analítica ya muestra signos de Prediabetes (glucemia en ayunas de 109 mg/dl), Hipertrigliceridemia (400 mg/dl) e Hipertransaminemia (ALT 43 UI/L). En junio de 2014 alcanza su máximo peso, 133 kilos (IMC de 42.45, Obesidad Grado III).

        Indico realizar una ecografía hepatobiliar en donde se observa una Esteatosis Hepática severa (grasa acumulada en el hígado). Indico también una analítica, en donde se detecta una Diabetes (Hemoglobina Glicosilada de 8.1%), una Hipertransaminemia (AST 58 UI/L, ALT 112 UI/L, que son las famosas transaminasas hepáticas, encargadas de metabolizar nutrientes y medicamentos, entre otras cosas) y una Dislipemia (Colesterol Total 247 mg/dl y Colesterol LDL 189 mg/dl, con unos Triglicéridos normales). El hecho de la Hipertransaminemia junto a la Esteatosis Hepática vista por ecografía confirman el diagnóstico de Hígado Graso No Alcohólico, entidad clínica causada por el alto consumo de fructosa y productos refinados, y asociada a multitud de enfermedades (los lectores interesados pueden ampliar información en este enlace). Resumiendo, tenemos a un hombre sedentario, con Obesidad, Diabetes, Dislipemia e Hígado Graso No Alcohólico, lo cual se conoce con el nombre de Síndrome Metabólico, otra entidad que también incluye la Hipertensión Arterial (de nuevo pueden consultar este otro enlace si desean profundizar más en el tema).

El camino de la curación.
PaleoDieta

Nutrición Evolutiva

PaleoTraining

PaleoTraining

           Llegados a este punto le explico a A.M. que sus problemas no se van a solucionar con una limpieza de vesícula, y que necesita urgentemente cambios en su estilo de vida. Le propongo 2 intervenciones: Nutrición Evolutiva y PaleoTraining. Sin medicamentos. Sin suplementos. Todos los días, eso sí, exactamente igual que si se tratara de tomarse una pastilla. A. M. lo entiende y decide empezar su tratamiento. Si desean conocer más sobre este tipo de nutrición, no dejen de escuchar este podcast de Maelán Fontes (enlace a su web), investigador lanzaroteño de la Universidad sueca de Lund, entrevistado por Marcos de Fitness Revolucionario.

         Cada mañana A.M. se levanta y se va a practicar PaleoTraining en ayunas, a una intensidad moderada-alta. Realiza 2 ó 3 comidas al día, eligiendo alimentos naturales basados en la Nutrición Evolutiva: frutas, verduras, hortalizas, setas, tubérculos, pescado, marisco, huevos, carne de calidad y aceite de oliva virgen. Bebe agua mineral. Poco a poco empieza a sentirse mejor. Cada vez le duele menos el abdomen al comer. Cada vez se cansa menos al subir escaleras. Comienza a bajar de peso. Comienza a sentirse sano. Si desean informarse sobre el PaleoTraining visiten su web o su Facebook.

El resultado.

         El 23 de marzo de 2015 A.M. pesa 100 kilos (IMC de 31.92, Obesidad Grado I, cerca del Sobrepeso). En sólo 7 semanas su analítica mejora de manera espectacular. La Hemoglobina Glicosilada baja a 6.4%, quedándose en el terreno de la Prediabetes. La Hipertransaminemia también mejora (AST 40 UI/L, ALT 51 UI/L), así como la Dislipemia (Colesterol Total 186 mg/dl, LDL 123 mg/dl y Triglicéridos siguen siendo normales). Me cuenta que todos sus síntomas han desaparecido, se siente lleno de energía y está alegre, feliz. Es capaz de subir varias montañas caminando, entrena todos los días y come comida de verdad. Y no toma ningún medicamento.

Gordo

         El caso de A.M. obviamente no termina aquí. Él era consciente de que tenía que seguir bajando de peso y viviendo de la manera propuesta para continuar por el camino de la salud. No volví a verlo más. No siguió viniendo a los controles. Afortunadamente al menos le dio tiempo de ayudarse a sí mismo y comenzar una serie de cambios que lo propulsaron en la dirección correcta. Y a mí me dio tiempo de obtener su consentimiento para exponer su caso en todos los sitios en que he podido. Lo cuento en el curso presencial y online de Experto Universitario en PsicoNeuroInmunología Clínica y Evidencia Científica, del cual formo parte como profesor (pinchar en este enlace si están interesados), lo conté en el Summit Paleo en 2015, se lo he contado a mis compañeros de Atención Primaria y lo cuento ahora aquí, para que todo el mundo conozca el inmenso poder terapéutico que tiene el estilo de vida, que en muchas ocasiones está por encima del poder de los medicamentos (sobre todo en el ámbito de las enfermedades mal llamadas crónicas que se manejan en Atención Primaria).

             Un saludo y continúen disfrutando de la vida y siendo todo lo felices que puedan, no creo que exista mejor objetivo.