Hoy inauguro una nueva sección en el blog. Consiste en presentar un artículo científico que considero relevante. Comenzamos con este paper del 2012 escrito por el científico Ian Spreadbury, quien trabaja en la Unidad de Investigación de Enfermedades Gastrointestinales de la Universidad de Queen (Kinston, Ontario, Canadá). El título completo del artículo es “La comparación con dietas ancestrales sugiere que los carbohidratos densos acelulares promueven una microbiota inflamatoria, y pueden ser la causa dietética principal de la resistencia a la leptina y la obesidad“.

          El autor defiende una postura basada en la Medicina Evolutiva, la cual busca la causa de las enfermedades en discordancias entre nuestro diseño biológico y el ambiente. De hecho parte del artículo se basa en el trabajo pionero del Dr. Staffan Lindeberg, quien llevó a cabo el famoso estudio de Kitava en el año 1989, encontrando que los habitantes de dicha isla no padecían las enfermedades típicas de las sociedades occidentales, como obesidad, hipertensión y diabetes, y registrando que su dieta consistía básicamente en carbohidratos (60-70%) procedentes de frutas, verduras y tubérculos, algo de pescado y carne, y una cantidad alta (17%) de grasa saturada proveniente del coco.

          Yendo un poco más lejos, en el artículo se enumeran diferentes tribus actuales con diversos patrones de alimentación, atendiendo a la presencia o no de carbohidratos densos acelulares. Ian define estos carbohidratos como aquellos que han sufrido un proceso de refinamiento. Algunos ejemplos son las tortitas de arroz, los cereales de desayuno (incluidos los integrales), los panes y por supuesto la bollería. Estos carbohidratos se contraponen a los celulares, los cuales son menos densos y corresponden a alimentos naturales, como las diferentes frutas, hortalizas, verduras y boniatos (con la única excepción de la yuca, aunque por supuesto no está en la misma categoría que los carbohidratos refinados). Pues bien, las tribus que ingieren dichos carbohidratos son las únicas que padecen las enfermedades típicas de las sociedades occidentales. Y aún más, las tribus que no los ingieren y por diferentes circunstancias (colonización o emigración, básicamente) comienzan a comerlos, desarrollan en muy poco tiempo dichas enfermedades, haciendo improbable que la razón de ello sea la genética.

¿De qué manera nos afectan dichos carbohidratos?

Esquema

          Clásicamente, se ha dicho que las lectinas de los cereales (uno de los principales antinutrientes que poseen) promueven la resistencia a la leptina a través de su interacción con el receptor de insulina, el receptor del factor de crecimiento epidérmico o el receptor de interleuquina 2. La leptina es una hormona producida por el tejido adiposo (grasa) que informa al cerebro de que estamos llenos y que podemos dejar de comer porque tenemos suficientes reservas. En la obesidad, paradójicamente, dicha hormona está alta, definiendo una situación clásica en los circuitos endocrinos conocida como “resistencia”. Básicamente significa que los receptores sobre los que actúa la hormona están desensibilizados debido a un exceso de estímulo; sería como el cuento del lobo y las ovejas, que de tanto decirlo al final nadie se lo cree.

         Según el autor, además de estos mecanismos, la clásica dieta occidental rica en grasas y carbohidratos refinados produce un aumento del lipopolisacárido bacteriano en la sangre, debido a un mecanismo conocido como “endotoxemia metabólica”, promovida a su vez por un aumento de la permeabilidad intestinal. Este mecanismo es la raíz de lo que se denomina Inflamación Crónica Sistémica de Bajo Grado, que básicamente consiste en que el organismo sufre una inflamación muy diferente de la clásica asociada a un esguince, por ejemplo, y que tiene como finalidad luchar contra una infección. O sea, nuestro cuerpo, debido a una dieta alta en azúcares y grasas (con un mal perfil de grasa dietética), se inflama. Hay que dejar claro que los estudios dejan claro que seguramente sea el exceso de carbohidratos refinados el responsable de la epidemia de obesidad, debido a que la grasa es un nutriente que ha convivido siempre con nuestra especie por lo que es altamente improbable que nos produzca enfermedad (aunque obviamente si elegimos mal el tipo de grasa tendremos problemas).

           Esta situación de inflamación mantenida en el tiempo, debido básicamente a dichos carbohidratos densos acelulares, alteran la microbiota (la flora intestinal) a través de un mecanismo que involucra, además del Lipopolisacárido Sistémico (LPS), al Supresor de la Señalización de las Citoquinas 3 (SOCS3 según sus siglas en inglés). Las citoquinas son las principales moléculas implicadas en la inflamación, de modo que si se altera su “freno” se desbocan y aumenta dicha inflamación, sobre todo a nivel intestinal. Como el nervio vago conecta directamente el intestino con el cerebro, cuando aumenta la inflamación, nuestro sistema nervioso central lo percibe, generando una resistencia a la leptina. Además, se alteran los mecanismo de la saciedad, activándose el deseo por sabores más dulces. Es decir, que dichos productos alimenticios alteran la microbiota, nos inflaman, nos hacen volver a elegir productos en vez de alimentos y generan resistencia a la leptina, conduciéndonos inexorablemente a la obesidad. Como situación añadida, hay que señalar que también se alteran los microorganismos bucales, pudiendo conducir a la aparición de enfermedades periodontales.

          Es fácil imaginar la situación en la que se encuentra una persona obesa que desayuna cada mañana tortitas de arroz: los carbohidratos densos acelulares “engañan” a su microbiota, ésta se altera creyendo que debe enfrentarse a una infección, y orquesta una respuesta inflamatoria que tiene como resultado una resistencia a la leptina, haciendo que pierda la saciedad y continúe ingiriendo dichos productos promovidos por la industria y por algunas sociedades “científicas”. El círculo vicioso está servido, nunca mejor dicho.

Tabla

Los productos modernos tienen una altísima densidad comparados con los alimentos naturales

Conclusiones

           ¿Y por qué tiene importancia todo lo que se dice en este artículo? Porque, una vez más, proporciona una sólida base para diseñar un patrón alimenticio que nos acerque a la salud. Los estudios de intervención que se han realizado hasta la fecha con Nutrición Evolutiva han demostrado, de manera inequívoca y unánime, que es superior a las dietas estándar para tratar las principales enfermedades y condiciones mórbidas asociadas a las sociedades occidentales: obesidad, diabetes, hipertensión, hígado graso y acné, entre otras. Es cierto que son estudios pequeños y de limitada potencia, pero eso no debe hacer que no los tengamos en cuenta; lo único que debería hacer es que deseemos y promovamos fervientemente que se realicen estudios mayores y con más potencia estadística. Mientras llega ese día, tengo claro cuál es la postura y la opción correcta; espero que ustedes también lo tengan. Les recomiendo que lean este post anterior donde hablo de diferentes opciones para desayunar. Un saludo y recuerden que la salud está en nuestras manos.